6. La veneración de imágenes y santos: ¿una forma de idolatría?


Tal vez la acusación más furibunda de muchos predicadores evangélicos es que la Iglesia Católica ha caído en el pecado de idolatría por “adorar imágenes”. Aseguran que las estatuas de Santos, Ángeles o de la Virgen María que pueblan los templos católicos violan el 1er Mandamiento de la Ley mosaica: “No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra (...) No te inclinarás ante ninguna imagen, ni la honrarás…” (Ex 20,4-5; Cf. Deut 5,8-9).

Entre tantos otros, también es significativo el caso del libro de Hechos 19,24-35, donde el Apóstol Pablo se enfrenta con el orfebre Demetrio a causa de unas imágenes de falsos dioses: "Un orfebre llamado Demetrio fabricaba reproducciones en plata del templo de Diana". Demetrio reúne a los artesanos de Éfeso y denuncia: “...ese Pablo ha conquistado y seducido a mucha gente, pretendiendo que los dioses fabricados por mano de hombre no son dioses” (…) “la gran diosa Diana corre el riesgo de ser tenido por nada,  y aquella a quien adoran toda el Asia y el mundo entero, terminará por quedar despojada de su prestigio".

Ahora bien, en el mismo libro del Éxodo, Yahvé mismo ordena luego a Moisés hacer para el Arca de la Alianza “dos querubines alados de oro labrado a martillo en ambos extremos”. Describe con detalle estas dos imágenes a lo largo de tres versículos (Ex 25,18-20). (Siglos más tarde, David, por mandato divino, entregará a Salomón un plano para la construcción del Templo, incluyendo estas imágenes de los querubines: 1Cro 28,18).

Durante la marcha hacia Canaán, Dios manda nuevamente a Moisés fabricar otra imagen: una serpiente de bronce colocada sobre un asta; al ser mirada, ésta curará a quien haya sido mordido por una serpiente auténtica (Num 21,8).

 

Diferencia entre ídolo e imagen


Para entender la aparente contradicción entre estas órdenes, debe distinguirse entre una imagen y un ídolo. Un ídolo es una representación de un falso dios (como claramente refiere el caso de Hch 19) al que se pretende adorar como si fuera el Dios verdadero. Cuando Dios prohíbe las imágenes, está refiriéndose a ídolos, según el mandamiento “no habrá para ti otros dioses delante de mí” (Ex 20,3).


Así pues, para el caso concreto de las imágenes en el ámbito católico, lo que Dios prohíbe es adorar imágenes (sean de Santos, de la Virgen o de Ángeles) como si se trataran del mismo Dios. En este sentido, el Magisterio se ha preocupado en distinguir claramente dos aspectos: 1) los Santos y los Ángeles son creaturas, y a ellas sólo se le debe veneración. La adoración se reserva exclusivamente a Dios 2) Las imágenes religiosas son buenas en tanto que son medios sensibles para remitirnos en última instancia a Dios mismo; caso contrario, se caería también en la idolatría.

Diferencia entre intercesión y mediación

Asimismo, es importante esta distinción complementaria para terminar de despejar las confusiones. Cuando se venera a los Santos, a través de imágenes o reliquias, se busca intercesión de creaturas que ruegan ante Dios por nosotros. El intercesor se dirige siempre a alguien de mayor jerarquía para transmitir su petición. Así, interceden ante Jesús los amigos del Paralítico (Mc 2,1-12), el Centurión por su esclavo enfermo (Lc 7,1-10), la Cananea por su hija endemoniada (Mt 15,21-28) o la misma Virgen María por los invitados en las Bodas de Caná (Jn 2,3). En cambio, Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (Cf. 1Tim 2,5) como sumo y eterno Sacerdote por nuestros pecados (Cf. Heb 4,14).

 

Un párrafo aparte merece la persona de la Santísima Virgen María, tan atacada por ciertos pastores evangelistas. La Iglesia siempre la ha considerado “Madre de la Iglesia”, a partir de las palabras de Cristo en la Cruz, cuando le dice al Discípulo Amado, símbolo de la Iglesia: “…aquí tienes a tu madre” (Jn 19,27). Así pues, Dios mismo quiso que María fuese intercesora ante Él, no reemplazando sino conduciendo al único mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo.

 

El Magisterio enseña que también a ella sólo se le debe veneración, aun cuando ésta sea de mayor grado que la del resto de los Santos (culto de “hiperdulía”). Por eso, los católicos están lejos de caer en idolatría cuando piden su intercesión; como madre del Salvador, ella quiso ser el perfecto canal para llevarnos a su Hijo.

La Antigua y la Nueva Alianza 

Tal como acabamos de ver, sin recurrir al NT se puede ya fundamentar bien la diferencia entre imagen e ídolo, demostrando así que no hay idolatría en la fe católica.

Ahora bien, no puede tampoco obviarse que estamos bajo la Nueva Ley instaurada en y por Jesucristo. Esto lo destaca muy bien la teología de San Pablo, especialmente en la fogosa carta a los Gálatas: "...todos los que confían en las obras de la Ley están bajo una maldición, porque dice la Escritura: «Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito en el libro de la Ley»Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por al Ley, ya que el justo vivirá por la fe. (...) Cristo nos liberó de esta maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, porque también está escrito: «Maldito el que está colgado en el patíbulo»" (Gal 3,10-13).  

Por ejemplo, esa misma Ley (Gen 17,10-14) ordena la circuncisión a todos los varones israelitas. Caso contrario habrán "quebrantado la Alianza" (Gen 17,14). Sin embargo, ningún cristiano se circuncida, porque sabe que la fe en Jesús nos libera del cumplimiento externo de la Ley; antes bien, el fiel la internaliza grabándola en su corazón (Jer, 31,33).

Así pues, debe distinguirse entre los 10 mandamientos, que Jesús asume, actualiza y exige, y las rigurosas prescripciones de la Ley en el Pentateuco. Aunque éstas incluyesen (ya vimos que no es el caso) una prohibición exterior de construir imágenes, sólo debemos seguir las enseñanzas de Cristo, que nos exhorta abiertamente a no caer en la idolatría.